& de enero

06.01.2014 13:37

 

Y ellos se despertaron. Sus pasos nerviosos y acelerados se podían escuchar por toda la casa. ¡De pronto los gritos! las alegrías desbordadas, el mira,, mira, mira en todas las direcciones. Esto ocurría en los dos pisos que hacían del suyo un bocadillo de alegrías, pero él estaba solo, sin niños que gritaran en su piso, ni nadie que se acordara de él. Ni los calcetines de siempre, ni los pañuelos, ni la camisa, ni un jersey como casi todos los años anteriores. También es cierto que este año no puso su zapato en el balcón, ni en la puerta de la habitación, porque no quería que los reyes magos perdieran el tiempo con él. Tenía de todo lo que pudiera desear y tenía trabajo, algo muy preciado en estos días en que los españoles emigran de su tierra por no encontrarlo. Estaba triste porque había llovido durante la cabalgata y los niños no habían disfrutado como otros años con aquella fiesta de ilusiones y esperanzas. Fue hacia el ordenador y lo encendió. Cuando entró en su página del facebook se dio cuenta de que tenía 5000 regalos envueltos con lazos de cariño, y papeles de fantasía. Fue entonces cuando se percató de que todo aquello no hubiera podido entrar en un solo zapato por muy grande que fuera. Los niños seguían jugando en ambos pisos con sus gritos y sus risas. La vida, ese gran regalo, le había enseñado al viejo payaso que su preciada nariz roja, era el mejor juguete que le habían podido regalar cuando niño, en un día como el de hoy, hace ya muchos años. ¡Gracias!
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