Cuento 1

17.02.2018 19:58

Erase que se era un hombre, que no había conseguido nada en la vida, pero no me refiero al dinero, sino a la auténtica vida, no era respetado por su cultura, ni por su arte ni por ser un buen artesano, tan solo manejaba medianamente la escritura, pero tampoco había alcanzado grandes éxitos, ni pequeños en esa rama. No era agricultor, ni pescador, no, tan solo nada, bueno, algo si, pero pasaba desapercibido constantemente y si no gritaba o insultaba a los demás, nadie se fijaría en él. Un día en las fiestas del pueblo donde había nacido,en un lugar de la India, que no recuerdo, le pidieron que escribiera algo ingenioso y con gracia e ironía, para leerlo desde el balcón de la casa del pueblo. Se disfrazó de hombre bueno, con un hábito de monje budista para de esa manera llamar más la atención. De su boca empezaron a salir obscenidades referentes a Buda y a su familia y atacó a la diosa Tara llamándola prostitua. No pudo terminar de leer lo que había escrito, porque la muchedumbre se fue marchando poco a poco hasta quedarse solo, tan solo el que gobernaba la ciudad aplaudió al seudo escritor. Dicen que hasta cobró del gobernador por tal escrito, pero de nada le valió, porque el aplauso que el esperaba nunca llegó a sus oídos. Un día preguntaron a Buda que opinaba de aquel ser y Buda sin decir palabra, dejó es capar una lágrima, que resbalando llegó hasta la palma de su mano, que estaba como pidiendo limosna. Cuando se acercaron a ver la lágrima que había caído en la palma de la mano se encontraron que ya no estaba, se había evaporado sin dejar rastro. 
Que cada cual saque la lección que más le agrade, pero la verdad solo es una: Los insultos de los humanos a los dioses, no superan la altura de la mierda de donde salen. El petirrojo.

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